Echo de menos aquellas heladas que nunca viví. Glaciares interminables que devoraban cada amanecer. Persecuciones infinitas que parían sentidos vitales, detrás de criaturas inmensas y peludas que podían matarte en un latido. Extraño retar al miedo, a la muerte y al vacío a diario, aunque lo cierto es que solo voy al bosque de excursión cada tanto y lo más peligroso que puede pasarme… es una caída. Quizá soy un hipócrita idealista y ridículo, un urbanita (en el fondo) miedoso que no sabe nada de nada, pero yo tengo nostalgia de lo desconocido, de lo fuerte, del poder, de lo grande. Quiero salir ahora mismo de este bar (artificial, burocrático, civilizado, muerto) y caminar por carreteras hechas mierda e invadidas por una extraña vegetación. Deseo dejarme una barba larguísima, llevar un cayado, arco y flechas, y caminar hasta el bendito fin del mundo, hasta donde las constelaciones son absurdas. Ahí contaremos cuentos junto al fuego, ese animal que nos ha acompañado millones de años. Detonaremos todas las máquinas en una gran hoguera y bailaremos cualquier tontería trascendental hasta que el sol muera y nos coma a todos.

De verdad.

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Lo eterno y lo amado

Publicado: 16 octubre, 2016 en Prosa
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Algún día todo desaparecerá. El mundo es mortal y hasta las estrellas se apagan. Pero lo que es digno de amor, creemos, tiene que ser eterno. Lo eterno es sinónimo de lo divino, que encima es sinónimo de lo natural. Al menos así lo entendían los griegos. Si lo que permanece es lo más noble y lo imperecedero no se deja amar, no podemos amar noblemente ni al mundo ni a nada de lo que él contiene. Lo selvático mengua y se extiende el desierto. La verdad nos apuñala con estacas estúpidas para que no veamos su trastienda de insectos y engranajes.  Pero sí, hay salidas y misterios digeribles, laberintos de emergencia de usar y tirar que nos ayudan un tictac. Nuestras uñas de deseo se clavan fuerte en la carne etérea y pasan eventos, cascadas de hechos cortantes y espirales de frusfrús perdidos. El cosmos donde estás ahora es un cuento para niños y, por eso, es la verdad de las verdades. El problema es que el cosmos es un caos absoluto que no para de llorar en la oscuridad como otro mamífero más. Así, hasta el cosmos entero está aterrorizado al creer que tú y yo queremos asesinarlo lentamente. Matar al cosmos para eternizarlo, sí, en una paradoja absurda aliciesca que nos permita, por fin, amar. El chivo expiatorio final.

Día (im)perfecto

Publicado: 3 septiembre, 2016 en Prosa
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A veces hay días (im)perfectos. Días perfectos si y solo si tienen astillas microscópicas de imperfección que enderezan todo ese armazón caótico de la nave de la vida. Lo imperfecto cuece a lo perfecto al baño María, a un fuego tan lento que cuesta entender que pueda quemar. 

Días de instantes condensados tan espesos como leche de yegua fermentada; días que son nódulos de miradas cristalizadas no se sabe muy bien por qué. Y yo escribo ahora, al acabar el día, en una cafetería cubana, transformando el café en palabras que no tienen sentido en conjunto. Quizá esto sea un texto cuántico, un escrito que pide a gritos ser apaleado y sodomizado despacio por instrumentos tecnológicos de alta precisión, aparatejos que lo abran en canal y extraigan sus entrañas elementales… y las coman a besos. 

Muslos radioactivos

Publicado: 23 agosto, 2016 en Prosa
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Ella estaba ahí, delante, encima de la cama, incitándome como una pantera. La atmósfera del cuarto estaba cargada de una mezcla imposible entre almizcle y ozono. Hubo un segundo o así en el que el tiempo se detuvo —aunque me doy cuenta de que la frase anterior no tiene mucho sentido — y ambos nos sentimos, a nuestra manera, observados por un depredador, de esos que si te mueves notan tu presencia y te devoran en el acto. 

No sé muy bien cómo me desplacé hacia la cama hasta un centímetro de sus piernas. Si fue como un toro que embiste o si más bien floté, subido en una alfombra mágica. No recuerdo más que el impulso, a ella más y más cerca, y mis latidos, y no solo los de mi corazón. Lo cierto es que mi único dogma entonces fueron aquellos muslos radioactivos, esos templos cálidos de la naturaleza que yo tenía que adorar a mordiscos, a besos destilados, a calambres volcánicos, a cataratas de lengua. El resto del mundo desapareció y pude escuchar el silencio que ahora empezó a abrirse como una flor entre nosotros.

Espiral entrópica

Publicado: 23 agosto, 2016 en Poesía
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Me afeitaba

y cayó muerta la mosca

dibujando una espiral.

 

Así de fulminante,

absurdo, catastrófico,

es el sabor del destino.

 

Yo acabé mi tarea y

el díptero se fue por el sumidero;

a los cinco minutos olvidé todo.

 

 

 

 

El poder de ellas

Publicado: 22 agosto, 2016 en Prosa
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Como cuenta la gran Catherine Hakim, los varones queremos desbordar todo nuestro deseo en las cuatro esquinas del mundo y las mujeres, en cambio, prefieren seleccionar al mejor hombre, a alguien digno de estar con ellas. Una mujer tiene más sencillo conseguir amantes, así que aprende a filtrarlos con una sabiduría secreta. El semen es barato y siempre sobra; los óvulos son caros, recónditos y limitados. Ellas siempre, siempre, siempre han tenido el verdadero poder. Lo demás son juguetes para niños, un espectáculo de marionetas para varones satisfechos — y ellas manejan, sonriendo pícaras, los hilos.

Los hombres perdemos la razón por un «sí», que es la antesala de besos en la oscuridad, de relámpagos de oxitocina a chorro y de palabras bañadas en sudor. A eso, al «sí», se reduce todo el cortejo: bailes sensuales a la luz de la luna, saltar a la tarima e improvisar, hacer rematadas locuras más allá del bien y del mal, conquistar reinos, ganar medallas, inventar aparatos insólitos, forjar un imperio, explorar el universo, escribir versos. Toda una parafernalia jurásica para que nos miren, para que nos den su alma, sus manos, sus ojos y su vientre; todo para conseguir la inmortalidad un día más antes de morir. 

Caer bien

Publicado: 21 agosto, 2016 en Prosa
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Hay gente que lo pasa fatal intentando caer bien a todo el mundo. Y cuando digo fatal es fatal: como les aparezca un enemigo —aunque sea un enemigo low cost— sufren, se obsesionan buscando sus propios errores; no saben muy bien qué hacer. Normalmente se trata de individuos muy extrovertidos que están acostumbrados al aplauso fácil (sincero o hipócrita) de los demás. Si se topan con un hueso duro, que no cede a sus encantos sociales, se derrumban. 

¿Hasta qué punto puede ser libre un sujeto que vive para agradar a todos?  No hay cadenas más grandes. Porque agradar a todos es imposible sin ciertas dosis de superficialidad, de cinismo y de inautenticidad, me parece. Un enemigo puede venir bien para templar el espíritu y porque, a veces, nuestros adversarios nos acaban conociendo mejor que el mejor de nuestros amigos.